GOLPES VIVIDOS
“Golpes vividos” La violencia intrafamiliar: un problema de todos. Por: Claudia Marcela Trujillo G. Uno de los problemas que afectan a todo el mundo, en especial a las mujeres, es la violencia intrafamiliar que en algún momento de la vida, pasan dejando consecuencias, originadas cuando las familias se enfrentan a situaciones de estrés. Se convierten en conflictos frecuentemente, por que las familias ya se enfrentan a problemas que, se sabe asocian respuestas violentas, la tensión se apodera de las necesidades, intereses y sentimientos, oposición entre unos y otros miembros de la familias. Ahora veremos como lo demuestran las estadísticas, las denuncias por violencia intrafamiliar en Colombia, entre 1996 y 2000, pasó de 51.451 a 68.585, es decir, 17.134 casos más. De este total, las mujeres representaron el (79%) de la población víctima de violencia intrafamiliar. Y las mujeres que no denuncian y tratan de vengarse de sus esposos es el de (63%). Por otro lado, la tercera parte de las mujeres reciben amenazas de sus compañeros, como de quitarles los hijos o abandonarla, y el (26%) sufren tratos desobligantes de su pareja. Estas cifras revelan un ambiente muy poco sano en las relaciones de parejas colombianas. Vivimos en una cultura de violencia y la familia no es ajena a ella, no sólo porque muchas condiciones del país la afectan sino por que aún se cultiva la imagen del hombre macho, que no llora y no expresa sus sentimientos, y por la falta de comunicación con su pareja, las familias se deben brindar confianza, para tener una relación mejor, es que todo las parejas vean algo que esta mal, hacérselo saber a la otra persona. La convivencia en la familia es importante para que allá respeto. “vivir violencia no es sólo dar y recibir golpes” en muchas ocasiones, a pesar de los insultos y las frases hirientes, las personas no reconocen que están sufriendo malos tratos, cuando las parejas discuten o pelean delante de sus hijos, estos son víctimas y pueda que a veces se llenen de miedo y rabia y hasta repitan lo mismo cuando grandes, como es el caso de Carolina, que cuando era pequeña veía que su papá golpeaba a su mamá, ella dice que sentía una rabia y una frustración terrible, además de mucha tristeza y dolor que, sin ella saberlo, se iba convirtiendo en odio. Odiaba que su mamá no se defendiera, y que nunca se revelara. Entonces ella y su hermano aprovechaban esa situación de baja autoestima cada vez que ella los regañaba: le echaban en cara que era boba, que se dejaba de su papá, y que el realmente mandaba en la casa. A los 17 años, apenas pudo, se fue de su casa con un novio. No aguantaba más noches en las que su padre llegaba siempre furioso y, sin motivos comenzaba a gritar, a reprochar y Lugo la golpiza. Pero para su sorpresa, vivir con su novio fue como convertirse en su madre: el tipo le daba tremendas palizas también. Lo dejó pero con el siguiente se caso y ella sólo pensaba que era una persona con muy mala suerte, por que había escogido a un tipo que se convirtió en su verdugo, tal como su padre lo había sido de su madre. Luego de diez años de palizas, y ante las amenazas de que si lo denunciaba la mataría a ella y a sus hijos, Carolina huyó con la ayuda de una amiga sicóloga que le recomendó una terapia. Gracias a ella empezó un proceso duro y muy doloroso, de reconocimiento, de aceptar que era victima de maltratos y que todo había empezado por lo vivido en su infancia. Pero no abandono el empeño de superarlo por que había aprendido que sus hijos no debían repetir su historia y ni la de su madre, sus hijos debían ver que su madre era capaz de liberarse, de no ser más víctima y que podía pedir ayuda para salir del maltrato y llevar una vida plena, feliz y sin que el miedo estuviera presente. Hoy en día existen muchas fundaciones y medios de comunicación, para ayudar y alertar a las personas que vivan estas situaciones, denuncien y busquen la mejor forma, para evitar que algunos integrantes de sus familias salgan afectados.
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